martes, 28 de febrero de 2012

El ama de casa

Tenemos mucho tiempo sin escribir. La verdad es que han pasado demasiadas cosas. DEMASIADAS. Nos hemos mudado de ciudad y estamos a 3 meses de tener nuestra primer bebé. No sé si después Daniel les quiera chismorrear de lo que es aguantar a una mujer embarazada, seguramente es un tema muy interesante :p pero por ahora, yo quiero hablar de un pequeño dilema que ha mantenido mi mente un tanto ocupada. 
Con eso de la mudanza y el embarazo, decidí dejar de trabajar por un tiempecito para tener la casa lista y encargarme de lleno a la llegada de la bebé. Ya que llegue, planeo igual quedarme en casa por unos meses para atenderla y estar con ella hasta que me sienta preparada para volver a trabajar. Llevo mucho tiempo acostumbrada a una carga de trabajo pesada, pero más que eso, estoy acostumbrada a ganar mi propio dinero. Ambas costumbres las he perdido ahora y extraño a cada una de ellas en diferente medida (eso sí, extraño muchísimo más mi dinero que mi trabajo). 
En esta semana leí el libro Un cuarto propio de Virginia Woolf. En este libro la autora escribe lo que pretende presentar como una conferencia en el año de 1928 acerca del tema de las mujeres y la novela literaria. Woolf explica que hasta hacía unos años las mujeres no tenían el derecho a adquirir propiedades ni poseer su propio dinero; tampoco tenían derecho a votar (de hecho para cuando Woolf escribe esto, el derecho al voto femenino tenía apenas unos 10 años de existir en Inglaterra). En una breve anécdota, Woolf incluso comenta que en ese entonces las mujeres no tenían permitido entrar a la bibliotecas de Oxbridge (Universidades de Oxford y Cambridge) si no iban acompañadas de un hombre. A lo largo de las páginas Woolf reconoce con satisfacción cómo las mujeres de su tiempo ya pueden recibir una educación, trabajar, ganar dinero para ellas, votar y ya no estar tan destinadas a ser amas de casa, como antes era una obligación serlo. Por supuesto que en muchos contextos esta idea todavía es mantenida y es esperado de las mujeres que atiendan su hogar. Ésto claro está. Pero el libro de Virginia Woolf me hizo reconocer y valorar en sobremanera el largo trecho que muchas mujeres han tenido que recorrer para llegar a la "situación privilegiada" (SÓLO en comparación con el pasado, pues todavía nos falta muchísimo por andar) en la que el sexo femenino se encuentra ahorita en la sociedad....
Y yo en casa...
Con licenciatura, maestría y años de experiencia laboral... en mi casa. Esperando un bebé. ¿Qué le estoy haciendo a todas esas mujeres que nos abrieron el camino? ¿Qué le estoy haciendo al camino en sí? ¿Es que en cierta forma estoy contribuyendo al rezago de todos esos avances que nos falta por conseguir? ¿Qué ejemplo será el que le estaré dando a mi futura hija cuando crezca?
Estas interrogantes, sutiles culpas, que surgen de repente en mi cabeza me las justifico (para poder seguir mi plan como lo he ideado) de la siguiente manera: la lucha femenina, el gane del terreno social frente al patriarcado que se ha venido haciendo con años de esfuerzos, ha sido combatida con varios propósitos, claro, pero entre ellos, uno: el de que las mujeres ya no tengamos la obligación de quedarnos en nuestras casas para atender el hogar y la familia, sino el derecho a preferirlo así. El ser ama de casa ya no como una expectativa obligada del marido o la sociedad en general para la mujer, sino como una elección consciente de vida (aunque sea, como en mi caso, temporal) que podrá ser cambiada conforme nuestra propia voluntad inquebrantable.
-----------------------------------------------------------------------------------------------------
Una de las razones por las que fui atraído a mi esposa fue su independencia y deseo de trabajar. En ningún momento pense que Lilí sería, voluntariamente o no, ama de casa. Que me lo haya dicho me causó duda. ¿Alguien habrá tomado a mi esposa y cambiado por otra?

Aún con la determinación de pasar tiempo con nuestra bebé, no ha dejado de trabajar por completo. La mujer moderna dentro de ella no se lo ha permitido. La lucha entre esa necesidad y la de ser madre debe ser una muy complicada para ella y muchas mujeres creen que tienen que elegir entre sus carreras y su familia. Sería menos complicado si tuvieran alguien a su lado que respalde sus decisiones y pudiera en determinado momento cuidar el hogar, como muchos hombres lo hacen ahora. Puede ser complicado asumir esos roles que la sociedad y cultura nos tienen acostumbrados a rechazar, pero puedo confirmar para aquellos hombres dudosos de su masculinidad, que despues de 6 meses de hacer de comer todos los días en la casa, es completamente normal.  ¿Todo lo que tenías antes? Sigue en su debido lugar. 

martes, 18 de octubre de 2011

Yo juego juegos de mesa con mi marido...

Mi marido es un fan de los juegos de mesa (aunque decir que es fan es un understatement, pero bueno). Los adora, los juega, los analiza, los discute, los estudia... y para hacer todo eso, me usa a mí como su conejillo de Indias. Cada vez que quiere aprender un juego nuevo, me "invita" a jugar, invitación que yo "amablemente" acepto. Es parte de las cosas que tengo que hacer para tenerlo feliz.
Los juegos de mesa que jugamos no son para nada como el Monopoly, o el Uno, o el Clue, ni Serpientes y Escaleras...los juegos suelen ser europeos y, comúnmente, muy complejos (aunque no por esto complicados). Siendo sincera, me choca tener que aprender juegos nuevos porque siempre paso por una intimidación inicial al ver todas las piezas, las cartas y los monitos que no sé para qué sirven. Pero una vez aprendido el juego, lo disfruto y me divierto.
Claro, me divierto más cuando gano. Esto sólo me pasa cuando juego con él, pues cuando juego con más personas no me importa si gano o si pierdo, simplemente asumo que las probabilidades son que perderé. Pero cuando juego con mi marido no. Cuando juego con mi marido, espero ganar. No sólo porque es mi marido sino también porque suele ser malo jugando...y porque gozo mucho ganarle. Lo que pasa entonces es que, cuando pierdo, a veces me ardo. Sobre todo cuando era un juego en el que invertí para ganar... en el que todas mis estrategias, según yo, fueron lo suficientemente exitosas como para asegurarme la victoria. Peor aún, cuando me gana con alguna estrategia agresiva, o de esas que se hacen "nomás pa' joder", lo primero que pienso es "¡quiero el divorcio!!! ¡y luego una revancha!". Ok no. Lo primero no lo pienso...pero actúo como si sí jejeje. Nada pone en jaque nuestra relación matrimonial tanto como un juego de mesa. Afortunadamente nunca ha llegado a mayores... Aún así, nos sigue gustando jugar.
-------------------------------------------------------------------------------------------
Esto solo confirma mi sospecha de que mi esposa tiene que ganar un juego para que le guste. Me gustaría decir que la dejo ganar para lograr ese objetivo pero no, mi estilo de juego me lleva a perder mucho más de lo que gano.

Recuerdo claramente algunos meses después de que comenzamos a jugar Carcassonney añadí una expansión llamada Towers. Convierte el juego de ser uno relativamente pacifico a uno de enfrentamiento directo con acciones agresivas. Nunca- NUNCA- había visto a Lilí tan enojada después de un juego. Creo que pasaron horas antes de que me hablara. Pasaron semanas antes de volver a intentarlo.

Aún así, jugar es una actividad -relativamente- sana que nos entretiene y nos da otra opción de hacer algo; nunca podemos decir que no hay algo que jugar en la casa. Estoy agradecido de que tengo con quien jugar, aunque me gane la mayor parte del tiempo. Excepto hoy. Hoy yo gané :)

miércoles, 18 de mayo de 2011

Apoyo y matrimonio

Durante las ultimas 4 semanas, mi familia ha pasado sus días en el hospital, cuidando y estando al pendiente de mi abuelo materno, Amado. Lo increíble de la situación es que ha sobrevivido el deterioro de su cuerpo con una gran voluntad para seguir viviendo y regresar a su casa. Es un hombre fuerte pero de gran corazón, el cual es el que lo sostiene en estos momentos.

Me tocó estar en Tijuana unos días después de que enfermó, teniendo la oportunidad de pasar horas con él, echando la mano en lo posible a mis familiares. Es triste y difícil pero agradezco la oportunidad de haber podido estar con él, especialmente considerando la distancia física en la que nos encontramos.

No siempre es posible tener un apoyo así. Muchas de las personas que vi en el hospital pasaban su tiempo solas, tristes y con ansias de platicar con quien puedan. Sus familiares, ocupados por las demandas de la vida, no podían acompañarlos. Mi admiración por mi familia, que se une en estos momentos es grande. En realidad, no me sorprende, ya que se encuentra unida la gran mayoría del tiempo. Es una lección que no olvido.

Todo esto es difícil pero lo sería aún más si no tuviera el apoyo de mi esposa, quien ha sido comprensiva y me alentó en el momento que la ocupaba y me impulsó a pensar en lo que era mejor para mí. No es su obligación hacerlo. Pudiera pensar de otra forma, como los familiares de aquellos olvidados en sus cuartos del hospital. Decide no hacerlo y por ello, entre otras cosas, soy muy afortunado.
---------------------------------------------------------------------------
Creo que se me metió una basurita al ojo...o mis lentes de contacto se están chafeando. Snif. La Pucca también te apoya... :D Para eso estamos.


lunes, 21 de febrero de 2011

Las muchas partes de "ser".

Hace unos meses, mi tesis para la maestría probablemente iba a tratar sobre las redes sociales y su impacto en el desarrollo de la personalidad. Lo hice a un lado por otro tema pero no me ha dejado de interesar.

No voy a argumentar desde una perspectiva filosófica (no es mi onda) pero cuando nos definimos ante nuestra pareja, ¿quiénes somos? ¿Qué aspecto tomamos para representarnos? Soy tantas cosas, (probablemente podría dejar de ser algunas cosas y sería una mejoría) ¿cómo es que mi esposa se enamoró de mi?

Lo que me sorprende es que dos personas se puedan amar tanto no solo por como son; también por todo lo que son y no le agrada por completo al otro. Eso incluye mis constantes ideas, a veces incompatibles, de lo que voy hacer con mi tiempo libre, todo lo que juego, incluso el que siga jugando. No creo que es una simple balanza, donde lo bueno pesa más que lo malo. Creo que es complejo e implica resignificar mucho de lo que crees que no te agrada.
------------------------------------------------
Ma-dres, mi amor. Qué profundo. ¿Cómo no argumentarlo desde una perspectiva filosófica? ¡Pues mejor desde una sociológica! :P Lo que tú bien podrías estar viendo como la de-fragmentación del ser o la personalidad según contextos y propósitos determinados, yo lo veo (como lo ven algunos batos que yo estoy leyendo para MI tesis) como el talento que tenemos cada uno para presentarnos de maneras "convenientes" ante los otros. Tú me conoces, baby. Cuando éramos novios habían muchas facetas de mí que no te presentaba y fuiste vilmente engañado a creer que yo era de cierta forma. Pero al casarnos ¡oh sorpresa! Al estar casi obligados a pasar más y más tiempo juntos, resulta que ese cuidar la presentación de la imagen (esa actuación en la que siempre estamos) se hace menos prioritario y mucho más difícil, a tal grado que, podría decirse, cuidamos menos facetas frente al otro. ¿Entonces qué pasa? Que me vale más estar en fachas en la casa, me importan menos mis modales en la mesa cuando comemos, que dejo mis kleenex con mocos tirados en la mesa porque qué me importa que creas que soy floja (no cochina, ¿eh? El bote de basura siempre está tan lejos y además tiene tapa :P), entre otras cosas. ¿Nos seguimos queriendo a pesar del engaño del noviazgo? No lo puedo creer, pero sí :P Jaja! No es cierto, el cambio no ha sido para tanto; pero sí nos queremos y mucho.
Dices que te preocupa qué piense de ti por seguir jugando, o por cómo usas tu tiempo libre. A pesar de que le bajamos a la presentación de la imagen, esto no significa que dejamos de cuidarla por completo, sino que cambiamos o re-significamos (como tú dices) nuestra imagen. Tú sabes perfectamente cuánto jugar o hasta cuándo para salvaguardar tu imagen de buen marido (¡o al menos espero que sepas! jaja!). Sabes (al menos inconscientemente) hasta dónde pintar la raya para que luego no tengas (ni tengamos) problemas. Y este ejemplo es aplicable a todas las cosas que ambos hacemos. Cuando alguno de los dos deje de cuidar esos límites sabremos que tenemos un problema. ¿No crees? Al menos así es como yo lo veo.

viernes, 18 de febrero de 2011

Yo le pego a mi marido.

Yo le pego a mi marido. Es de neta. ¡Le pego! Y es que muchas veces se lo merece. Y otras no tanto, nomás me divierte.
Hace unos años, cuando Daniel y yo estamos comprometidos, fuimos a visitar a unos tíos de Sonora. La gran novedad era que nosotros (los primeros nietos de parte de ambas familias) nos íbamos a casar y, claro, todos nos querían dar consejos, desde los más serios hasta los más jocosos, para lograr un matrimonio duradero. Lo que más recuerdo es el comentario de uno de mis tíos hacia mi esposo: "¡No te cases wey, estas viejas pegan!! ¡Y a mí, mi esposa me pega!" Cosa que mi tía desmintió antes de poner a mi tío en su lugar con un (buen merecido) golpe ligero en el brazo. Afortunadamente Daniel no hizo caso de esta advertencia, se casó conmigo y comprobó efectivamente que esta vieja también pega.
Mis golpes expresan mi cariño :P (como toda mujer esquizofrenizante cuando dice "te pego porque te quiero"). Hablo de golpes que no suelen ser fuertes (que según mi esposo hiper-sensible a veces sí lo son), palmadas en el brazo, en el hombro o en la panza, por ejemplo. Afortunadamente Daniel todavía no me denuncia con el DIF. En lo que se anima a hacerlo, tengo esta duda: ¿es particular de las esposas latinas (o mexicanas) el pegarle a sus maridos? (y aclaro que cuando digo pegarles es en un sentido no violento). Muy al estilo de Gaby Solis en Desperate Housewives cuando le pega a Carlos, que ya hasta Carlos le ofrece el brazo para el golpe cada vez que se porta mal. Amigas que conozco le pegan a sus parejas, mi mamá le pega a mi papá, mis tías le pegan a sus maridos y mi abuela le pega a mi abuelo... ¡¿o nomás somos nosotras, las que portamos el mismo apellido?!
Me imagino que en algunas culturas es absolutamente inconcebible que una mujer siquiera le levante la mano a su esposo. Al menos en Estados Unidos no he sabido que esto se estile, pero me late que en México es más usual. Me puse a buscar estudios en internet acerca de esto (de si es cierto que las mujeres latinas tenemos esta tendencia) y encontré puros puros casos de abuso. No encontré nada de estudios culturales al respecto. ¿Y ustedes qué opinan? ¿Y tú, mujer que lees estas líneas, le pegas a tu pareja? ¿O tú, hombre asustado que lees estas líneas, te pega tu mujer?
--------------------------------------------------------------
Tengo mucho que decir respecto a esto. Para empezar, ***(CONTENIDO CENSURADO PARA PROTEGER A LOS INOCENTES)*** Eso es lo que pienso.

lunes, 31 de enero de 2011

Sobre el regalar sin dejar de sorprender.

Cumpleaños, aniversario de bodas, San Valentín, Navidad, Día de la Madre y Día del Padre... Esto da el total aproximado de 5 regalos al año que dar a la pareja. ¡5 regalos!!! Multiplicado por el número de años de casados...Si mis cálculos son correctos, esto significa que, para cuando una pareja cumpla los 10 años de casados, cada uno habrá obsequiado aproximadamente unos 50 regalos al otro. Y bueno, dar regalos es fácil, pero dar tantos a lo largo de una vida ¿y todavía sorprender a tu pareja? Suena muy difícil. ¿Y será posible? ¿Puede la mente humana pensar en tantos detalles creativos y novedosos destinados para una sola persona? ¿Y hasta cuánto tiempo se le podrán ocurrir estas ideas?
Recuerdo que cuando estaba de novia no tenía ningún problema para pensar en nuevos y novedosos regalos que darle a mi novio. Podía hasta darle regalos hechos a mano por mí. Le llegué a dar carteras, camisetas, muñecos y hasta libritos hechos por mí. Quizá no eran los mejores regalos, pero definitivamente sorprendían a mi novio. Mi entonces novio es ahora mi esposo, y conforme pasan los años me es más difícil pensar en qué le puedo regalar para su cumpleaños o navidad. Lo obvio sería pensar que si estoy pasando más y más tiempo con él, con más facilidad debería saber qué le gustaría recibir de regalos. ¡Pero no! Nomás siento que se me va acabando la creatividad.
No puedo evitar pensar en mis padres. Mi mamá SIEMPRE le regala a mi papá lo mismo. Sea cual sea la ocasión, siempre le regala camisas. La única sorpresa para mi papá es saber de qué color o de qué estampado será su nueva camisa. Mi papá, en cambio, siempre le regala a mi mamá algo que ella haya pedido. Básicamente hay que preguntarle qué quiere para luego irlo a conseguir... porque de hecho, si un regalo no le gusta a mi mamá, ella no siente ninguna pena en expresar cuánto no le gustó el regalo. Y eso ha de ser otro detalle en todo este problema de dar y recibir... que cuando uno está de novio ha de ser más fácil expresar gratitud ante un "mal regalo", pero ya de casados no tanto. ¿Será eso? No sé. Mi punto es que temo que con el paso del tiempo me sea más difícil sorprender a mi pareja con regalos. Me pregunto si llegará el momento en que sólo le regalaré corbatas o calcetines... o en el que sentiré que cumplo el requisito de regalarle algo si sólo me dice qué quiere y voy y se lo compro. ¿Qué acaso el elemento sorpresa no es parte de la magia del dar?
--------------------------------------------------------------------
Me da cierto gusto el todavía preocuparme por sorprender con mis regalos. Nunca he tenido dones artísticos (y si algún día los tengo, qué mejor que guardarlos para un buen momento inesperado) así que trato de pensar en el mejor regalo para la ocasión. Esto no siempre resulta en cuadrangulares pero rara vez salgo ponchado de la caja de bateo (si, faltan 59 días para inaugurar la campaña 2011 de las grandes ligas).

Creo que el simple preguntar y recibir es una solución practica al dar tantos regalos. 10, 20 o más años juntos definitivamente ejerce una presión sobre la imaginación. Dicen que la intención es lo que cuenta y ahí es cuestionable la elección de regalos. Si mi esposa me regala un juego, su intención es que me divierta con el. Si le regalo una bolsa, espero que le sea útil y le combine con lo que usa. Si le doy un nuevo horno, ¿cual es mi intención? Si me da una corbata, ¿que esta pensando? ¿Para quien es el regalo? Se me hace importante no olvidar que significa regalara y el gusto de recibir algo. Esa sonrisa que tengo cuando me dan algo que me gusta, eso es exactamente lo que quiero que ella reciba cuando abre los ojos o le quita el papel al regalo.



jueves, 27 de enero de 2011

Tiempo y Cambios

Todos cambiamos. No necesariamente nos damos cuenta de eso, pero estamos en constante movimiento, aprendizaje y (ojalá) evolución. Trato de ser una mejor persona con todo y mis defectos y creo estar en el rango de "soportable"; lo suficiente como para que Lilí se haya querido casar conmigo. La constante aquí es que sigo cambiando. No se detiene y no es fácil de predecir. Hay una semblanza de quién eres siempre pero nadie permanece inmutable toda su vida.

Lo que me pregunto es cómo el cambio impacta en las relaciones. Estar con alguien que deja de ser lo que era, esperar a que deje de ser, desear que sea otra cosa. Mi esposa no es la misma que conocí personalmente en el 2002 pero la quise en ese entonces y la sigo queriendo ahora. ¿El amor es a pesar del cambio o por el cambio?
-------------------------------------------------------------
Mi esposo ha cambiado muchísimo desde que lo conocí hace casi 9 años. Lo bueno es que ha cambiado para bien, ¿si no, qué habría hecho? :P Claro, todavía puede cambiar a ser mucho mejor...pero no lo presiono lo suficiente. Na, no es cierto. I'm kidding. El cambio es una constante, en eso estamos de acuerdo. Ahora, ¿qué papel desempeña el cambio en las relaciones maritales? Supongo que el papel que las parejas dejan que tenga. He sabido de mujeres, por ejemplo, que se casan con su pareja esperando que una vez casados él cambie, o incluso quienes se embarazan con ese objetivo. "Cuando el bebé llegue, él cambiará para ser padre". Pensamientos raros así. Ahorita conozco una pareja que al contrario, la ausencia de un cambio "hacia lo mejor" es justo lo que los está llevando a pensar en la separación. Se casaron siendo de cierta manera y conformándose, pensando que, con el paso de los años, alguno de ellos cambiaría, pero las cosas "han seguido igual" (claro que aquí el cambio es que uno dejó de conformarse). ¿Qué raro no? He conocido parejas, por otra parte, que se casan esperando que ninguno de los dos cambie por el resto de sus vidas, y cuando esto pasa entran en crisis y empiezan a pensar en el divorcio. Existen también muchísimas parejas que viven infelices, o en situaciones de maltrato o abuso, donde la separación no es una opción para ninguno porque le temen a la incertidumbre que representaría el cambio de estar solos, por ejemplo.
Entonces, ¿qué papel desempeña el cambio en las relaciones maritales? Depende de la pareja, definitivamente. Lo ideal es que la mutua convivencia entre la pareja haga que ambos integrantes vayan cambiando progresivamente hacia una adaptación entre ellos mismos, ¿no? Eso es lo utópico. En sí, que el cambio se vaya dando para que el amor nunca muera. Aaaaay! Qué bonito. Digo, sería lo ideal. :P