Tenemos mucho tiempo sin escribir. La verdad es que han pasado demasiadas cosas. DEMASIADAS. Nos hemos mudado de ciudad y estamos a 3 meses de tener nuestra primer bebé. No sé si después Daniel les quiera chismorrear de lo que es aguantar a una mujer embarazada, seguramente es un tema muy interesante :p pero por ahora, yo quiero hablar de un pequeño dilema que ha mantenido mi mente un tanto ocupada.
Con eso de la mudanza y el embarazo, decidí dejar de trabajar por un tiempecito para tener la casa lista y encargarme de lleno a la llegada de la bebé. Ya que llegue, planeo igual quedarme en casa por unos meses para atenderla y estar con ella hasta que me sienta preparada para volver a trabajar. Llevo mucho tiempo acostumbrada a una carga de trabajo pesada, pero más que eso, estoy acostumbrada a ganar mi propio dinero. Ambas costumbres las he perdido ahora y extraño a cada una de ellas en diferente medida (eso sí, extraño muchísimo más mi dinero que mi trabajo).
En esta semana leí el libro Un cuarto propio de Virginia Woolf. En este libro la autora escribe lo que pretende presentar como una conferencia en el año de 1928 acerca del tema de las mujeres y la novela literaria. Woolf explica que hasta hacía unos años las mujeres no tenían el derecho a adquirir propiedades ni poseer su propio dinero; tampoco tenían derecho a votar (de hecho para cuando Woolf escribe esto, el derecho al voto femenino tenía apenas unos 10 años de existir en Inglaterra). En una breve anécdota, Woolf incluso comenta que en ese entonces las mujeres no tenían permitido entrar a la bibliotecas de Oxbridge (Universidades de Oxford y Cambridge) si no iban acompañadas de un hombre. A lo largo de las páginas Woolf reconoce con satisfacción cómo las mujeres de su tiempo ya pueden recibir una educación, trabajar, ganar dinero para ellas, votar y ya no estar tan destinadas a ser amas de casa, como antes era una obligación serlo. Por supuesto que en muchos contextos esta idea todavía es mantenida y es esperado de las mujeres que atiendan su hogar. Ésto claro está. Pero el libro de Virginia Woolf me hizo reconocer y valorar en sobremanera el largo trecho que muchas mujeres han tenido que recorrer para llegar a la "situación privilegiada" (SÓLO en comparación con el pasado, pues todavía nos falta muchísimo por andar) en la que el sexo femenino se encuentra ahorita en la sociedad....
Y yo en casa...
Con licenciatura, maestría y años de experiencia laboral... en mi casa. Esperando un bebé. ¿Qué le estoy haciendo a todas esas mujeres que nos abrieron el camino? ¿Qué le estoy haciendo al camino en sí? ¿Es que en cierta forma estoy contribuyendo al rezago de todos esos avances que nos falta por conseguir? ¿Qué ejemplo será el que le estaré dando a mi futura hija cuando crezca?
Estas interrogantes, sutiles culpas, que surgen de repente en mi cabeza me las justifico (para poder seguir mi plan como lo he ideado) de la siguiente manera: la lucha femenina, el gane del terreno social frente al patriarcado que se ha venido haciendo con años de esfuerzos, ha sido combatida con varios propósitos, claro, pero entre ellos, uno: el de que las mujeres ya no tengamos la obligación de quedarnos en nuestras casas para atender el hogar y la familia, sino el derecho a preferirlo así. El ser ama de casa ya no como una expectativa obligada del marido o la sociedad en general para la mujer, sino como una elección consciente de vida (aunque sea, como en mi caso, temporal) que podrá ser cambiada conforme nuestra propia voluntad inquebrantable.
-----------------------------------------------------------------------------------------------------
Una de las razones por las que fui atraído a mi esposa fue su independencia y deseo de trabajar. En ningún momento pense que Lilí sería, voluntariamente o no, ama de casa. Que me lo haya dicho me causó duda. ¿Alguien habrá tomado a mi esposa y cambiado por otra?
Aún con la determinación de pasar tiempo con nuestra bebé, no ha dejado de trabajar por completo. La mujer moderna dentro de ella no se lo ha permitido. La lucha entre esa necesidad y la de ser madre debe ser una muy complicada para ella y muchas mujeres creen que tienen que elegir entre sus carreras y su familia. Sería menos complicado si tuvieran alguien a su lado que respalde sus decisiones y pudiera en determinado momento cuidar el hogar, como muchos hombres lo hacen ahora. Puede ser complicado asumir esos roles que la sociedad y cultura nos tienen acostumbrados a rechazar, pero puedo confirmar para aquellos hombres dudosos de su masculinidad, que despues de 6 meses de hacer de comer todos los días en la casa, es completamente normal. ¿Todo lo que tenías antes? Sigue en su debido lugar.
Una de las razones por las que fui atraído a mi esposa fue su independencia y deseo de trabajar. En ningún momento pense que Lilí sería, voluntariamente o no, ama de casa. Que me lo haya dicho me causó duda. ¿Alguien habrá tomado a mi esposa y cambiado por otra?
Aún con la determinación de pasar tiempo con nuestra bebé, no ha dejado de trabajar por completo. La mujer moderna dentro de ella no se lo ha permitido. La lucha entre esa necesidad y la de ser madre debe ser una muy complicada para ella y muchas mujeres creen que tienen que elegir entre sus carreras y su familia. Sería menos complicado si tuvieran alguien a su lado que respalde sus decisiones y pudiera en determinado momento cuidar el hogar, como muchos hombres lo hacen ahora. Puede ser complicado asumir esos roles que la sociedad y cultura nos tienen acostumbrados a rechazar, pero puedo confirmar para aquellos hombres dudosos de su masculinidad, que despues de 6 meses de hacer de comer todos los días en la casa, es completamente normal. ¿Todo lo que tenías antes? Sigue en su debido lugar.