Mi marido es un fan de los juegos de mesa (aunque decir que es fan es un understatement, pero bueno). Los adora, los juega, los analiza, los discute, los estudia... y para hacer todo eso, me usa a mí como su conejillo de Indias. Cada vez que quiere aprender un juego nuevo, me "invita" a jugar, invitación que yo "amablemente" acepto. Es parte de las cosas que tengo que hacer para tenerlo feliz.
Los juegos de mesa que jugamos no son para nada como el Monopoly, o el Uno, o el Clue, ni Serpientes y Escaleras...los juegos suelen ser europeos y, comúnmente, muy complejos (aunque no por esto complicados). Siendo sincera, me choca tener que aprender juegos nuevos porque siempre paso por una intimidación inicial al ver todas las piezas, las cartas y los monitos que no sé para qué sirven. Pero una vez aprendido el juego, lo disfruto y me divierto.
Claro, me divierto más cuando gano. Esto sólo me pasa cuando juego con él, pues cuando juego con más personas no me importa si gano o si pierdo, simplemente asumo que las probabilidades son que perderé. Pero cuando juego con mi marido no. Cuando juego con mi marido, espero ganar. No sólo porque es mi marido sino también porque suele ser malo jugando...y porque gozo mucho ganarle. Lo que pasa entonces es que, cuando pierdo, a veces me ardo. Sobre todo cuando era un juego en el que invertí para ganar... en el que todas mis estrategias, según yo, fueron lo suficientemente exitosas como para asegurarme la victoria. Peor aún, cuando me gana con alguna estrategia agresiva, o de esas que se hacen "nomás pa' joder", lo primero que pienso es "¡quiero el divorcio!!! ¡y luego una revancha!". Ok no. Lo primero no lo pienso...pero actúo como si sí jejeje. Nada pone en jaque nuestra relación matrimonial tanto como un juego de mesa. Afortunadamente nunca ha llegado a mayores... Aún así, nos sigue gustando jugar.
-------------------------------------------------------------------------------------------
-------------------------------------------------------------------------------------------
Esto solo confirma mi sospecha de que mi esposa tiene que ganar un juego para que le guste. Me gustaría decir que la dejo ganar para lograr ese objetivo pero no, mi estilo de juego me lleva a perder mucho más de lo que gano.
Recuerdo claramente algunos meses después de que comenzamos a jugar Carcassonney añadí una expansión llamada Towers. Convierte el juego de ser uno relativamente pacifico a uno de enfrentamiento directo con acciones agresivas. Nunca- NUNCA- había visto a Lilí tan enojada después de un juego. Creo que pasaron horas antes de que me hablara. Pasaron semanas antes de volver a intentarlo.
Aún así, jugar es una actividad -relativamente- sana que nos entretiene y nos da otra opción de hacer algo; nunca podemos decir que no hay algo que jugar en la casa. Estoy agradecido de que tengo con quien jugar, aunque me gane la mayor parte del tiempo. Excepto hoy. Hoy yo gané :)
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada